¿Chicas? ¿Chicxs? ¡Chiques!

Lenguaje Inclusivo

La relación entre lenguaje y pensamiento es materia de estudio en psicología desde sus inicios. Algunxs sostienen que la manera en la que hablamos, leemos o escribimos influye directamente en nuestra forma de pensar, moldeando nuestro día a día. Otrxs, en cambio, centran sus investigaciones en confirmar que son el pensamiento y la cultura las que determinan el lenguaje. Por tanto, diversos idiomas supondrían diversos modos de pensar. En mi opinión, lo más prudente y acertado es afirmar que ambas capacidades cognitivas tienen una relación bilateral: no existe la una sin la otra.

Es evidente que vivimos en una sociedad machista y excluyente. El uso del masculino genérico domina nuestro idioma, frente al uso del femenino o del género neutro. Nuestro lenguaje es misógino y, por tanto, nuestra forma de pensar también lo es. ¿Cómo entonces generar cambio en esta sociedad patriarcal? ¿Se puede modificar nuestra manera de pensar a través del lenguaje que usamos? ¿Es realmente sexista nuestra manera de usar el español? Como se dice popularmente: para muestra, un botón.

Hace unos días nos sorprendía una noticia que afirmaba que una empresa aceitera de Córdoba no pagaba a sus trabajadoras porque en el convenio se hace referencia a “trabajadores” en masculino. Pero la cosa, por muy alucinante que parezca, no queda ahí. Después de conocerse el hecho, en la red social Twitter se presentó esta noticia como ejemplo a la RAE para que se reconozca que el lenguaje inclusivo es muy necesario. La RAE contestó lo siguiente: “Quizá la insistencia en afirmar que el masculino genérico invisibiliza a la mujer traiga consigo estas lamentables confusiones”. Sobran los comentarios.

Tweet RAE
Tweet de la RAE en respuesta a la noticia sobre una empresa que se negaba a pagar a sus trabajadoras porque en el convenio sólo aparecían “trabajadores”

El lenguaje inclusivo pretende luchar contra la discriminación sexista con la premisa de que un cambio en el lenguaje influirá de una manera u otra en nuestra manera de pensar. Cada vez más son las personas que utilizan alternativas al uso del masculino genérico dominante, con el fin de cuestionar lo sexista y poner sobre la mesa una problemática que hemos pasado por alto por pecar de costumbrismo. El uso de la “O” para designar el género de las palabras hoy es sustituido por diversas alternativas. Veamos algunas.

La respuesta más evidente parece ser el uso del femenino genérico frente al masculino. Un ejemplo lo tenemos ante el reciente nombramiento del nuevo gobierno de Pedro Sánchez. Algunos medios planteaban la posibilidad de designar oficialmente el nombre del nuevo equipo como “Consejo de Ministras” por una mayoría de mujeres que lo componen (a todo esto la RAE responde generosamente que debería usarse mejor “Consejo de Gobierno”…). Se nos plantean varias cuestiones con esta alternativa, sobre todo si pensamos en la representatividad actual que demanda la diversidad de género.

Para ello se propone el uso de la “@”. Pero inmediatamente nos encontraríamos con la misma crítica. La “@” interpela el género como un constructo binario: o masculino o femenino, negando por tanto otras identidades. Se sigue entonces sintiendo incompleta esta propuesta.

X
El uso de la “X” se está extendiendo, pero dificulta la lectura a las personas con diversidad funcional porque los lectores actuales no la reconocen

Llegamos al uso de la “X”, uno muy extendido y cada vez más usado. ¿Impronunciable? Claro, pero la “X” está ahí para evitar designar género o completarlo con la letra que unx considere. Aunque luego se caiga fácilmente en la “O” cuando se lee. Un ejemplo: “lxs chicxs son morenxs”. Si en nuestra mente, al leer esa frase, sustituimos las “X” por “O”, ya tenemos una evidencia más de que lenguaje y pensamiento están ligados y tendemos al uso del masculino. ¡Maldito patriarcado que hasta incluso aquí nos condiciona! La principal crítica a esta alternativa es que para los lectores de pantalla, que precisan algunas personas con diversidad funcional, no reconocen la “X” y no la leen bien.

Por último nombrar la opción de usar la “E” como herramienta para desexualizar el género gramatical. Con esta alternativa es posible que los lectores puedan leerlo y de cara a discursos es más práctico que el uso de la “X”.

Éstas son algunas de las opciones que tenemos en la actualidad para fomentar el uso de un lenguaje no sexista y que no determine o limite al género. Aunque no exista un consenso social ni un reconocimiento determinante de la RAE a este tema, es confortante saber que cada día más y más personas se unen a la idea de utilizar un lenguaje inclusivo y se plantan en contra de la hegemonía patriarcal.

Desde Vaca sin Cencerro os animamos a que nos nombréis alternativas o que nos contéis si hacéis uso o no de lenguaje inclusivo.

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